SOBRE LA PREVENCIÓN DE LAS LESIONES

Dr. Alberto Muñoz Soler, médico especialista en psiquiatría deportiva

La aplicación en el deporte del conocido adagio “más vale prevenir que curar”, no puede ser más acertada porque, la propia naturaleza del hecho deportivo invita a que se produzcan lesiones y a que se creen situaciones fortuitas de riesgo que quedan fuera del control de quien lo practica; es decir, que surjan accidentes como acontecimientos no planificados y completamente imprevistos, incluso a pesar de que la actividad deportiva se desarrolle bajo las mejores condiciones de seguridad y supervisión cuidadosa y prudente. Sin embargo, sí que pueden ejercerse una serie de acciones preventivas que actúen sobre los factores que influyen en la frecuencia y distribución de la lesión deportiva; lo cual quiere decir que, con unas razonables medidas de previsión, muchos accidentes deportivos podrían evitarse o, al menos, minimizar en gran medida sus consecuencias lesivas indeseables. La mayor parte de los factores son controlables por el propio competidor; pero su tratamiento también va a ser responsabilidad de todos aquellos que lo tutelan, según sea su correspondiente nivel y categoría de participación (deporte de alta competición, de ocio, juvenil, infantil, senior). En este punto cobra especial importancia la figura del entrenador quien, además de cuidar la puesta a punto deportiva, debe conocer suficientemente las circunstancias físicas y psíquicas de su pupilo, controlar que respete los periodos adecuados de reposo y recuperación, crear en el entrenamiento un buen clima emocional, asesorarle en cuestiones de alimentación, higiene, etcétera. De igual modo, han de implicarse en la seguridad del deportista su preparador de la condición física, el personal médico y paramédico que lo atiende, los árbitros y oficiales que organizan y regulan la competición y, finalmente, los organismos responsables de regir el deporte de que se trate (sobre todo, las federaciones deportivas). Obviamente, es primordial que el atleta tenga un adecuado nivel de forma física y de salud en general, dentro de los estándares impuestos por la actividad deportiva de que se trate. Hacer deporte sin estar suficientemente preparado para ello en ocasiones puede tener consecuencias fatales, con frecuencia acaba en lesión y prácticamente siempre el atleta termina dolorido o con molestias. Pero si el organismo del deportista está suficientemente preparado a todos los niveles para afrontar los riesgos específicos de su deporte de un modo satisfactorio, y cuenta con el suficiente autocontrol y autodisciplina, lo más probable es que sea capaz de soportar las fuerzas que podrían ocasionarle una lesión. De igual modo, el conocimiento y dominio de la técnica deportiva que le atañe es de primordial importancia en lo que se refiere a su seguridad. La falta de preparación técnica, o de experiencia, puede colocar al atleta en riesgo de sufrir prácticamente todo tipo de lesiones. Ello no solo implica que el competidor debe poder controlar el movimiento corporal que le exige el desarrollo de la acción, sino que también ha de estar capacitado para captar las diversas situaciones que se le van a ir presentando secuencialmente a lo largo del evento deportivo (y también durante el transcurso del entrenamiento), para detectar anticipadamente los riesgos que estas presenten con el fin de poder contrarrestarlos de forma adecuada y ser consciente del tiempo de exposición en el que puede mantenerse en situaciones de peligro sin llegar a lesionarse. En resumen, puede afirmarse que, además de aplicar “una cierta dosis de sentido común”, y de procurar mantener un programa de entrenamiento y un entorno “inteligentes”, la prevención de las lesiones deportivas se basa en tres pilares fundamentales: • Estar adecuadamente preparado, tanto desde el punto de vista psicofísico como técnico, para el deporte que se practica. • Respetar las normas y reglas establecidas que lo regulan. • Utilizar adecuadamente los elementos de protección correctos que permitan al atleta moverse con libertad y seguridad en el desarrollo de su acción. Fragmento del libro “Aspectos Psicológicos Del Deportista Lesionado”